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lunes, 1 de diciembre de 2014

Amanita muscaria en robledal


Estos bellos ejemplares de Amanita muscaria crecen en suelo de robledal, cerca del Monasterio de Yuste, en Cuacos de Yuste (Cáceres), el pasado 30 de noviembre de 2014. La especie es especialmente abundante en el melojar, bajo ejemplares de roble rebollo (Quercus pirenaica) y en ella podemos ver las características que hacen a esta seta inconfundible y los caracteres comunes a todas las amanitas: la presencia de volva en la base del pie y el anillo.
Tomamos la imagen aprovechando el paseo didáctico que hicimos por el bosque para aprender un poco sobre micología, sobre todo desde el prisma ecológico, pues muchas setas, como la aquí mostrada, son fundamentales para la salud del ecosistema forestal, al establecer micorrizas con los árboles, fundamentales para que estos adquieran defensas frente a organismos patógenos.
El paseo fue delicioso, por proporcionarnos la oportunidad de observar in situ muchas especies y por los sonidos del trepador azul, el herrerillo común, el mito y el pito real deleitando nuestra caminata.
Esta pequeña jornada se encuadró dentro de las actividades paralelas al campo de trabajo organizado por ADENEX (Asociación para la Defensa de la Naturaleza y los Recursos de Extremadura) para la recuperación y mantenimiento de muros de piedra tradicionales en el entorno del robledal de Cuacos.

Paisaje jerteño: el cerezo y el modus vivendi del Valle


Barrado (Cáceres); 24 noviembre de 2014. El cultivo del cerezo en bancales alterna con las manchas de robledal

Así apunta el otoño en esta localidad jerteña, cercana a La Vera. Las manchas de melojar o rebollar alternan con las plantaciones de cerezos que, desde los años sesenta del pasado siglo, transformaron radicalmente el paisaje del Valle del Jerte, hasta el punto de que la pequeña propiedad minufundista, seña de identidad del arco norte extremeño, se subsumió al cultivo de esta rosácea que atrae a miles de turistas durante la Fiesta del Cerezo en Flor.
No obstante, aún pueden contemplarse estos fragmentos de roble melojo (Quercus pirenaica), refugio de una nutrida avifauna, ecosistema rico en hongos y hábitat de pequeños reptiles, insectos y una interesante flora. El roble ya no tiene la importancia económica de antaño para estos núcleos montanos, lo que explica que no siempre nos encontramos discursos positivos sobre el ecosistema forestal entre los lugareños, los cuales suelen identificar al rebollo con el abandono y la matorralización, pero no olvidemos su baluarte para la conservación de la biodiversidad, para la fijación del suelo y lo que significó este árbol para las economías de las comarcas extremeñas más septentrionales, prueba evidente es la rica toponomia asociada a esta quercínea en estos lares, ya sea en el callejero local o en la denominación de las propias localidades. Y es que el cerezo forma parte del modus vivendi jerteño desde hace escaso tiempo. Merece la pena visitar la comarca en plena floración primaveral, pero tampoco es desdeñable el espectáculo de colores ocres y amarillos que ofrece el otoño.