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domingo, 27 de septiembre de 2015

Mito y otros visitantes del bebedero



Esta avecilla minúscula la observaremos en todo tipo de espacios forestales, si bien tiene especial predilección por los bosques de coníferas. Su distribución geográfica abarca toda Europa, desde buena parte de Escandinavia hasta el Mediterráneo, incluyendo las Islas Británicas. Su larga cola y su especial mansedumbre, pues se deja acercar a escasa distancia, dejarán un recuerdo imborrable en el amante del campo que la contemple por vez primera.
En esta época del año forma bandos que vagan por la campiña en busca de alimento. Aunque el otoño ha llegado y nos deja unas tardes considerablemente más cortas, las aún altas temperaturas provocan que los abrevaderos sean visitados con asiduidad por numerosas aves. En algunas de las fotografías colgadas se observa algún ejemplar empapado, tras darse el correspondiente chapuzón en nuestro habitual bebedero de Montánchez (Cáceres), donde han sido tomadas estas imágenes el pasado 26 de septiembre.
En Extremadura abunda en las áreas forestales cacereñas como los robledales del norte y los pinares del Tiétar, observándose algunas ausencias en las áreas despejadas de Los Llanos. Del mismo modo, en Badajoz es escaso en las áreas de regadío pero frecuente en las áreas forestales del noreste y suroeste.
Además de los  mitos, las dos tardes consecutivas que visitamos el bebedero se acercaron a refrescarse numerosas especies. La más prolífica de todas, sin duda, el herrerillo común, pero también pudimos deleitarnos con el siguiente rosario de aves: trepador azul, mirlo común, petirrojo, curruca cabecinegra, escribano montesino, pinzón vulgar, verdecillo, verderón común, jilguero, pardillo común, arrendajo y rabilargo.
Debajo de las imágenes de los preciosos mitos os dejo algunas que logré captar de otros visitantes. Me ha llamado la atención no observar mosquiteros y papamoscas cerrojillos, pues estamos en plena época de paso postnupcial. Es de suponer que habrá sido una circunstancia casual. El que no ha faltado ha sido el petirrojo; los primeros ejemplares llegados del norte han hecho acto de presencia en este rinconcito de la sierra montanchega
Todas estas aves pertenecen al gran orden de los paseriformes. Algunas son sedentarias, como los fringílidos representados (verdecillo, pardillo común y verderón común), así como los herrerillos, mitos y carboneros. Otros nos visitan durante el breve periplo de sus largos viajes postnupciales que se inician en el corazón de Europa y culminan en África subsahariana, o bien permanecen como invernantes hasta que a primeros de marzo sientan otra vez los impulsos que les inciten de nuevo a viajar a sus norteñas latitudes natales, toda una proeza para seres de esqueleto óseo y sangre caliente de tan pequeño tamaño. Sean sedentarios o viajeros se enfrentarán los meses venideros al desafío por la supervivencia. Algunos sucumbirán ante las presiones ambientales responsables del equilibrio ecológico que sólo el hombre altera.  Puede que el gavilán que también visita tímidamente el bebedero les dé caza, pues atesoran en sus cuerpos las proteínas que precisa el ave de presa para no perecer, las cuales han fabricado los pajarillos a través de las semillas, los brotes o los insectos que les sirven de sustento. Son las leyes naturales que permiten que en nuestros campos y bosques la vida se abra paso, con brío, con vigor. Cazadores y cazados forman un todo, un conjunto armónico que permite a nuestra retina contemplar las maravillas de la biodiversidad; todo un espectáculo para el que sepa simplemente mirar y que llenará nuestra mente y nuestro corazón de fascinación, curiosidad, amor e interés por el estudio y conocimiento. Las aves siempre serán un motivo de alegría para nuestro sentir más profundo.



Mito (Aegithalos caudatus); Montánchez (Cáceres), 26 de septiembre de 2015
Carbonero común (Parus major); Montánchez (Cáceres), 26 septiembre 2015
La línea negra longitudinal en la parte inferior sobre el fondo amarillo es un rasgo distintivo en esta especie.
El baño es fundamental para mantener en buen estado el plumaje


Herrerillo común (Cyanistes caeruleus), Montánchez (Cáceres), 26 septiembre 2015.
La especie que con más asiduidad ha acudido estos días al bebedero.
Trepador azul (Sitta europea); Montánchez (Cáceres), 26 septiembre 2015
Petirrojo (Erithacus rubecula); Montánchez (Cáceres), 27 septiembre 2015
Comenzarán a hacerse notar con sus reclamos en campiñas, bosques y jardines procedentes de Europa central y la zona cantábrica.
Pardillo común (Acanthis cannabina); Montánchez (Cáceres), 26 septiembre 2015
Verderón común (Carduelis chloris); Montánchez (Cáceres), 26 septiembre 2015
Verdecillo (Serinus serinus); Montánchez (Cáceres), 26 septiembre 2015

domingo, 20 de septiembre de 2015

Las aves y el hombre II: pasos de otoño y frutos vitales


Trepador azul (Sitta europea); uno de los que nunca se marchan.
Montánchez (Cáceres); 20 septiembre 2015



Petirrojo (Erithacus rubecula). Muy pocos se reproducen en nuestra Extremadura meridional, pero son muchos los que comienzan a llegar en otoño. Ocuparán por millones nuestras dehesas, bosques, olivares y jardines para permanecer con nosotros hasta finales de invierno.
Montánchez (Cáceres); 20 septiembre 2015



Herrerillo común (Cyanistes caeruleus).  Muy común y sedentario en Extremadura, si bien no se descarta la llegada de contingentes norteños.
Montánchez (Cáceres); 20 septiembre 2015
Entre mediados de agosto y octubre todo un espectáculo se nos ofrece en nuestros campos. Son las pequeñas aves canoras que, atravesando Europa en dirección sur, se dirigen a sus cuarteles de invierno africanos. El viaje es largo y pone a estos seres menudos y de sangre caliente al límite de su resistencia. Por ello, aprovechan nuestro benigno otoño para hacer un alto en el camino y alimentarse de los insectos y los frutos que les ofrecen nuestros pagos. Podremos observar estos días a las tarabillas norteñas, los mosquiteros musicales, los papamoscas cerrojillos, las collalbas grises, las currucas zarceras y mosquiteras... junto a ellos, conviven las especies sedentarias, como el trepador azul y el herrerillo común que esta tarde se acercaban a beber y a bañarse en la pequeña charca de Montánchez (Cáceres) junto a otros recién llegados, como el petirrojo, para quedarse  hasta principios de primavera. Precisamente, en el pequeño bebedero ubicado en las sierras centrales extremeñas, también acuden los primeros papamoscas y mosquiteros de este paso migratorio de otoño. La suerte no quiso que pudiera captar con mi cámara al cerrojillo que se acercó a refrescarse, pero os dejo algunas imágenes de los pájaros que sí logré fotografiar.
Nos encontramos en una buena época para iniciarse en la identificación de aves, pues son muchas las especies que podremos observar durante estos días;  momentos en los que comienzan a madurar muchos frutos, silvestres o cultivados, como estos higos que se secan en una pequeña huerta montanchega. La higuera proporciona un reconfortante alimento a las aves que llegan exhaustas de sus largos periplos migratorios, del mismo modo que ha sido clave para la supervivencia de los pequeños campesinos y jornaleros que, no sólo lucharon contra el fantasma del hambre en otros tiempos mediante este energético fruto, pues también era clave en el ciclo del engorde tradicional del cerdo. Los higos eran consumidos por el ganado antes de la entrada en montanera, es decir, antes de la maduración de las bellotas de las encinas, robles melojos y alcornoques. De ese modo, la pequeña curruca mosquitera que se oculta en el follaje aún intacto de la higuera, obtiene un dulce y vital manjar que también aprovechan los hombres desde tiempos ancestrales, pues el área de distribución original de este árbol es ciertamente difícil de precisar, ya que su cultivo en la Europa cálida y el  Próximo Oriente se remonta muy atrás en el tiempo.


Secado de higos.
Montánchez (Cáceres); 20 septiembre 2015