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domingo, 24 de noviembre de 2013

Amanita; un versátil género

 Amanita rubescens; Fregenal de La Sierra (Badajoz), 23 noviembre de 2013. COMESTIBLE
Amanita pantherina; Segura de León (Badajoz), 23 noviembre de 2013. VENENOSA

Las dos especies de amanitas aquí representadas ostentan el mismo valor para el naturalista, pero como sabemos que la búsqueda de hongos para ser consumidos alcanza en nuestra tierra límites que rayan la pasión, alentamos a los buscadores a no confundirlas, pues es conocido que la comestible A. rubescens es apreciada por bastantes micófagos y podría ser confundida - aunque afortunadamente el parecido no es exagerado- con la venenosa A. pantherina. Esta última tiene su carne, pie y láminas de color blanco inmutable; por el contrario, A. rubescens se caracteriza por adquirir su carne y pie - muy visible al ser cortados- un tono rojizo-vinoso, sobre todo en este último. Del mismo modo, los restos de volva en forma de verrugas que aparecen en el sombrero de A. pantherina son blancos, no amarronados o sucios como en la especie afín y en el borde de su sombrero aparecen unas evidentes estrías inexistentes en su pariente. Mucho cuidado a los principiantes -yo sigo siéndolo- pues A.pantherina provoca serios envenenamientos. Del mismo modo, hay que tener en cuenta que al consumir la especie comestible, hay que hacerlo tras ser convenientemente cocinada, pues en crudo posee sustancias tóxicas que se volatilizan con el calor. En caso de duda, absteneos de consumirla y deleitáos con su belleza. Las setas son fundamentales para el equilibrio ecológico y la salud de los envejecidos árboles de nuestras dehesas, algo que por sí solo ya es suficientemente relevante para el amante de la naturaleza

Hongos de las dehesas del suroeste de Badajoz



Boletus aereus aparece con frecuencia esta temporada, proporcionando satisfacción no sólo a los buscadores de esta seta, pues gastronómicamente es todo un manjar, sino también a quienes ven en las criaturas de la naturaleza un motivo para llenarse de fascinación, pues estos seres establecen una asociación con las raíces de los árboles de nuestros espacios forestales - sobre todo en la dehesa- que garantiza la salud del ecosistema, pues encinas y alcornoques necesitan de dicha simbiosis -denominada micorriza- para poder desarrollarse con salud. Estos ejemplares aparecen en una dehesa de Fregenal de La Sierra (Badajoz) el 23 de noviembre de 2013; día frío y a la vez hermoso, pues los encinares se cubren de un verdor que deseamos sea sempiterno, mientras los reclamos del herrerillo capuchino y el trepador azul animan estos incomparables pagos.
Boletus legaliae o satanoides aparece bajo encinas en áreas de dehesa en Segura de León (Badajoz) este frío pero hermoso domingo de 23 de noviembre. Sus llamativos poros rojos, su destacado retículo en el pie de color claro y su sombrero blanco con tonos rosas lo distinguen.
Boletus erythropus es común en espacios adehesados como los que visitamos entre Fregenal y Segura. Su pie tiene la base rojiza y no es reticulado y sus tubos rojizo-anaranjados azulean de forma llamativa al ser presionados.

 Gyophorus castaneus en un pequeño boletus que se halla comúnmente bajo encinas. Su pequeño tamaño, sombrero aterciopelado de color castaño y poros blancos lo distinguen, aunque pase generalmente desapercibido al lado de otras especies de mayor porte.
Russula delica es muy abundante en todo tipo de espacios forestales; su color blanco la delata cuando aparece semienterrada entre la hojarasca. Como todas las russulae, tiene la carne y el pie quebradizos - no fibrosos-. Ciertamente, este género incluye muchas especies muy difíciles de distinguir, si bien en este caso su determinación no es complicada por el color completamente blanco con algunos tonos marrones en el sombrero y por no exudar el típico látex de Lactarius piperatus, que se le asemeja mucho.

domingo, 10 de noviembre de 2013

El castañar, espacio forestal para los hongos



En el trayecto del Camino de Los Molinos entre Montánchez y Arroyomolinos (Cáceres) hallaremos algunas manchas de castañar con sus frutos maduros desparramados en la hojarasca, donde afloran algunas interesantes especies de hongos que hemos tenido oportunidad de observar y fotografiar durante el Curso de Iniciación a la Micología organizado por ADENEX (Asociación para la Defensa de la Naturaleza y los Recursos de Extremadura) este pasado fin de semana; del 9 al 10 de noviembre de 2013. Siempre es grato estar acompañado de gente bondadosa, inteligente y sencilla como José, quien se entusiasma tanto como nosotros a la hora de hallar cualquier resquicio de vida en los alrededores de huertas y olivares y por supuesto en el castañar, lo cual hace aún más amena esta actividad. A primeras horas de la mañana, el dulce reclamo del trepador azul nos introduce en este maravilloso espacio forestal, donde las manifestaciones de vida no se hacen esperar. En nuestro paseo de unas tres horas pudimos recoger alrededor de 30 especies; una mínima representación de la enorme riqueza micológica de estos biotopos forestales; los cuales necesitan para sobrevivir a los hongos, pues son esenciales para el equilibrio ecológico del bosque y la salud del arbolado.
Falso níscalo (Lactarius chryssorreus). Como todos los Lactarius exhuda un látex - en este caso que vira del blanco al amarillo-; característica exclusiva de este grupo de hongos
Tricholoma acerbum; una de las especies características del biotopo del castañar que siempre hallamos en Montánchez

Clytocibe odora; inconfundible por su llamativo color verdoso azulado y su penetrante olor anisado

Coprinus picaceus es fácil de hallar entre la hojarasca. Como todos los Coprinus su sombrero tiene forma apuntada y al envejecer licúa hasta desaparecer


Amanita citrina no es rara en el castañar. Se parece mucho a la mortal Amanita phalloides - muy común en el trayecto que realizamos- si bien la primera porta abundantes restos de volva en forma de puntos o granos en su sombrero y la forma de su volva es diferente.


Amanita pantherina; reconocible por su sombrero gris con restos blancos de volva y con el borde estriado y por tener carne, láminas y pie completamente blancos

Los hongos saprófitos se alimentan de la materia orgánica en descomposición, como la madera de árboles muertos, cumplimiento una función esencial a la hora de aportar nutrientes al suelo. Aquí observamos un grupo de Hypholoma fasciculare creciendo sobre un tronco de castaño caído

domingo, 3 de noviembre de 2013

Segunda primavera





Macrolepiota procera bajo alcornocal
Mosquitero común (Phylloscopus collybita) merodeando cerca del bebedero

Ejemplar de rana verde común (Pelophyllax perezi) con pigmentación muy oscura; casi negra.
Los frutos de la torvisca (Daphne gnidium) maduran estos días

3 noviembre de 2013
Tarde soleada con algunas nubes
La Fontanita; Montánchez (Cáceres)
Entre 16,40- 18,30 horas
El mes de noviembre nos recibe con el Día de Todos Los Santos; festividad donde se rinde culto a los difuntos. No obstante, en nuestras mediterráneas latitudes, esta fecha del santoral está lejos de coincidir con una coyuntura ajena a la vida, al contrario, nos sirve para tomar el pulso a la maduración de los frutos – cultivados o silvestres- pues caquis, membrillos y granadas se hallan en plena sazón para ser consumidos. Del mismo modo, las bellotas comienzan poco a poco a adquirir la tonalidad que les permitirá servir de alimento tanto al ganado porcino, a ovejas y cabras y a jabalíes y ciervos.
La naturaleza se manifiesta con alegría vital-como en una segunda primavera- por eso, nuestro paseo de tarde por los alrededores del castillo de Montánchez nos ha deleitado con la multitud de larvas de tritón pigmeo (Triturus pigmaeus) que luchan por completar su metamorfosis en el estanque de La Fontanita, donde, además, un ejemplar de rana verde común (Pelophylax perezi) con pigmentación inusualmente oscura nada con energía mientras descubro un ejemplar adulto de la primera especie. Los huevos de los gallipatos (Pleurodeles walt) se observan en el fondo y una salamandra común (Salamandra salamandra) se refugia en un trozo de corcho flotante tras, probablemente, caer por accidente al agua. Al contemplar tanta vida desafiando a los elementos en el estanque -algo fascinante- pienso en las posibilidades que tiene la conservación de la arquitectura vernácula asociada tradicionalmente a los usos del agua a la hora de convertir estanques, aljibes y demás infraestructuras similares en microrreservas para los anfibios.
Alrededor, entre chaparros y árboles frutales que circundan un huerto, se escuchan los reclamos de un animado bando de mitos (Aegithalos caudatus), pajarillos minúsculos y con larga cola de costumbres gregarias al llegar el otoño. Muchas aves se acercan al bebedero: varios gorriones comunes (Passer domesticus), algunos carboneros comunes (Parus major) y herrerillos (Cyanister caeruleus), una hembra de pinzón vulgar (Fringuilla coelebs) y un nervioso mosquitero común (Phylloscopus collybita). Cerca, escuchamos a una curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala) y a un petirrojo (Erithacus rubecula), cuyo “pit pit” es uno de los sonidos inequívocos del otoño e invierno extremeños. También resulta audible el tosco reclamo de la curruca capirotada (Sylvia atricapilla), otro pájaro insectívoro que tras el verano se desplaza desde Europa central a nuestra plácida región, ocupando millones de ejemplares nuestras dehesas, olivares y jardines.
Las vistosas gallipiernas (Macrolepiota procera) crecen en la húmeda hierba bajo alcornoques y olivos, siendo una de la setas más espectaculares para el paseante; algo más discretas, pero abundantes, las volvarias (Volvariella speciosa), las cuales se dejan ver entre la hierba impregnada de goterones. También los frutos de la torvisca (Daphne gnidium) y el majuelo (Crataegus monogyna) exhiben sus frutos rojos, otra muestra de que nos hallamos en fechas de equinoccio.
Nota: En relación a las larvas de tritón pigmeo, cabe la posibilidad de que se traten de gallipato; el otro anfibio urodelo que coloniza el estanque, no obstante, me inclino más por el primero por las características de los especímenes, sin embargo, las frezas o huevos hallados sí pertenecen a la segunda especie