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domingo, 20 de septiembre de 2015

Las aves y el hombre II: pasos de otoño y frutos vitales


Trepador azul (Sitta europea); uno de los que nunca se marchan.
Montánchez (Cáceres); 20 septiembre 2015



Petirrojo (Erithacus rubecula). Muy pocos se reproducen en nuestra Extremadura meridional, pero son muchos los que comienzan a llegar en otoño. Ocuparán por millones nuestras dehesas, bosques, olivares y jardines para permanecer con nosotros hasta finales de invierno.
Montánchez (Cáceres); 20 septiembre 2015



Herrerillo común (Cyanistes caeruleus).  Muy común y sedentario en Extremadura, si bien no se descarta la llegada de contingentes norteños.
Montánchez (Cáceres); 20 septiembre 2015
Entre mediados de agosto y octubre todo un espectáculo se nos ofrece en nuestros campos. Son las pequeñas aves canoras que, atravesando Europa en dirección sur, se dirigen a sus cuarteles de invierno africanos. El viaje es largo y pone a estos seres menudos y de sangre caliente al límite de su resistencia. Por ello, aprovechan nuestro benigno otoño para hacer un alto en el camino y alimentarse de los insectos y los frutos que les ofrecen nuestros pagos. Podremos observar estos días a las tarabillas norteñas, los mosquiteros musicales, los papamoscas cerrojillos, las collalbas grises, las currucas zarceras y mosquiteras... junto a ellos, conviven las especies sedentarias, como el trepador azul y el herrerillo común que esta tarde se acercaban a beber y a bañarse en la pequeña charca de Montánchez (Cáceres) junto a otros recién llegados, como el petirrojo, para quedarse  hasta principios de primavera. Precisamente, en el pequeño bebedero ubicado en las sierras centrales extremeñas, también acuden los primeros papamoscas y mosquiteros de este paso migratorio de otoño. La suerte no quiso que pudiera captar con mi cámara al cerrojillo que se acercó a refrescarse, pero os dejo algunas imágenes de los pájaros que sí logré fotografiar.
Nos encontramos en una buena época para iniciarse en la identificación de aves, pues son muchas las especies que podremos observar durante estos días;  momentos en los que comienzan a madurar muchos frutos, silvestres o cultivados, como estos higos que se secan en una pequeña huerta montanchega. La higuera proporciona un reconfortante alimento a las aves que llegan exhaustas de sus largos periplos migratorios, del mismo modo que ha sido clave para la supervivencia de los pequeños campesinos y jornaleros que, no sólo lucharon contra el fantasma del hambre en otros tiempos mediante este energético fruto, pues también era clave en el ciclo del engorde tradicional del cerdo. Los higos eran consumidos por el ganado antes de la entrada en montanera, es decir, antes de la maduración de las bellotas de las encinas, robles melojos y alcornoques. De ese modo, la pequeña curruca mosquitera que se oculta en el follaje aún intacto de la higuera, obtiene un dulce y vital manjar que también aprovechan los hombres desde tiempos ancestrales, pues el área de distribución original de este árbol es ciertamente difícil de precisar, ya que su cultivo en la Europa cálida y el  Próximo Oriente se remonta muy atrás en el tiempo.


Secado de higos.
Montánchez (Cáceres); 20 septiembre 2015

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