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martes, 23 de febrero de 2016

Anfibios y preludios de la nueva estación. Una visita al estanque



 
 
 
 
 
 
Rana verde (Pelophylax perezi), soberbio ejemplar de unos 15 centímetros de longitud; Montánchez (Cáceres), 22 febrero de 2016
 
 
 
 
 
 
 

Detalle del ojo y tímpano

 
 
 
 
 
 
 
 
Las albercas y antiguos aljibes de molinos harineros forman parte de paisaje, al igual que múltiples manifestaciones de una arquitectura tradicional fuertemente constreñida por el medio ecológico. Todos estos inmuebles e ingenios, aunque hayan perdido en muchos casos su cometido originario, pueden resignificarse gracias a la nueva funcionalidad que pueden adquirir, una de ellas es la de convertirse en valiosas microrreservas para la fauna, y más concretamente para los anfibios, vertebrados de sangre fría, descendientes de aquellos primeros tetrápodos que evolucionaron a partir de una antiquísima estirpe de peces que logró salir del agua y desarrollar respiración pulmonar hace alrededor de 370 millones de años, en el Paleozoico, cuando aún no se había desarrollado la clase de los reptiles, la cual dominaría las tierras emergidas durante un largo período de la evolución biológica.

Esta tarde, el olivar y el huerto de La Fontanita en Montánchez (Cáceres) se cubrían del amarillo de las plantas compuestas, de geranios silvestres y de fumarias. Mientras, una gran águila culebrera sobrevolaba majestuosa e impresionante el paraje, y una de las primeras mariposas olmeras despierta de su hibernación para buscar restos de frutas para libar y así obtener el dulce vital. El canto monótono y a la vez musical del carbonero común se perdía en la profundidad de las encinas y alcornoques. El pequeño estanque del olivar, rebosante de agua limpia y cubierto en su superficie por una capa de limo, dejaba contemplar el celo de los tritones pigmeos (Triturus pygmaeus), pues los machos dejan ver su característica cresta caudal mientras las hembras muestran sus partes ventrales abultadas, señal inequívoca de que albergan en su interior los embriones que han de ser fecundados por sus compañeros. Del mismo modo, el tritón ibérico (Lissotriton boscai), otra especie con la que comparte hábitat, hace lo propio perdiéndose bajo el líquido elemento. También el gallipato (Pleurodeles waltii), el anfibio urodelo más grande de Europa, nada en las profundidades del estanque para buscar presas, entre las cuales pueden estar las larvas de los otros tritones, también observables con sus características branquias plumosas, e incluso las de su propia especie.

No podían faltar las prolíficas ranas verdes (Pelophylax perezi), pieza clave de las cadenas alimentarias de nuestros ecosistemas, habida cuenta del amplio elenco de depredadores que la incluyen en la búsqueda de su pitanza, siendo también ellas voraces cazadoras de insectos y otros animalillos. En esta ocasión, me encuentro con un imponente ejemplar de algo más de 15 centímetros, robustas extremidades posteriores, y con una pigmentación muy oscura. Como mecanismo de defensa pasiva, pliega la cabeza contra el suelo e hincha el abdomen para dar la impresión de mayor tamaño, algo que también hacen los sapos comunes y sapillos pintojos y que puede actuar como maniobra disuasoria frente a determinados depredadores.

 

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